lunes, 3 de febrero de 2014

La renta básica y la cuestión femenina

Por Carolina del Olmo / No seré yo quien menosprecie las complejidades de la propuesta de una renta básica universal de ciudadanía. Recuerdo que la primera vez que oí hablar del tema me pareció un sinsentido: ¿dar una cantidad de dinero a todo el mundo por igual, con independencia de si lo necesita o no? ¿lo mismo para mí que para el tío del Mercadona? No salía de mi asombro con lo estúpida que me pareció la propuesta. Después, me enteré de las inmensas ventajas de la “incondicionalidad”, es decir, los enormes beneficios de un subsidio que no depende del cumplimiento de ciertas condiciones (como llevar no sé cuánto tiempo en la miseria, tener 4 mocosos con los zapatos rotos, etcétera) y, por tanto, que es preventivo, que no viene a parchear la pobreza sino a evitar la exclusión.

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