sábado, 7 de septiembre de 2013

Luis Brasesco: un radical

Por Ramiro Pereira / La tristeza se amontona mientras escribo estas líneas, pero esbozo una sonrisa al recordar alguna anécdota, como cuando estrené en ruta mi carnet de conductor: era 1995, e íbamos a un seminario radical en Nogoyá, donde Luis Agustín Brasesco iba a ser el expositor central. En el viaje, un Brasesco inusualmente callado, atemorizado por la velocidad a que conducía el auto me espetó “Mirá que en política, si vas muy rápido, lo más que te puede pasar es perder una interna. Pero en el auto, si chocas es distinto”. Luis Brasesco era a la fecha el decano del Radicalismo Entrerriano. Fue en sus años mozos presidente de la Juventud Radical de Paraná, y ya con su título de abogado, subsecretario de Trabajo en el gobierno radical de Don Carlos Raúl Contín, derrocado el 28 de junio de 1966 por el golpe de estado que en la Nación terminó con el gobierno de Illia. Co fundador en Entre Ríos del Movimiento de Renovación y Cambio, línea interna de la Unión Cívica Radical que en el orden nacional lideraba Raúl Alfonsín, su valiente actividad como abogado en los años ’70 le valió un atentado a su domicilio orquestado por la “triple A” (Alianza Anticomunista Argentina), que por afortunado azar no tuvo víctimas humanas. Abogado laboralista y político comprometido, con el triunfo de la UCR en la apertura democrática de 1983, la legislatura provincial con mayoría radical lo designó senador al Congreso Nacional, cargo para el que le tocó mandato por nueve años y donde colaboró primero con el presidente Alfonsín para integrar luego la oposición al gobierno peronista de Carlos Menem. Orador extraordinario, en las internas radicales de 1986 fue pre-precandidato a gobernador. Concluido su mandato en diciembre de 1992, el ex senador Brasesco se mantuvo durante dos décadas como una referencia insoslayable del Radicalismo de Entre Ríos, siempre en su misma casa de calle Illia (ex Gualeguay). En 1994, a instancias del bloque radical que presidía Alfonsín, la convención reformadora de la Constitución Nacional reunida en Santa Fe lo designó como uno de sus tres secretarios. Años después, ya anciano y aquejado de fuertes dolencias físicas, en 2008 integró la convención que reformó la Constitución de Entre Ríos, de la cual fue vicepresidente. Fue también secretario del Comité Nacional y presidente del Congreso Provincial de la UCR de Entre Ríos (2005/2007). Con todo, esta descripción no alcanza para precisar su importancia. Don Luis constituye una muestra de lo que debe ser un político radical. Como político, era inteligente y hábil, extraordinario expositor, inflexible en sus convicciones y componedor y conciliador porque la política es un arte que se hace tejiendo lazos con otros seres humanos. Como radical, era exactamente eso: un Radical, ubicado en el campo del liberalismo político, y en el reformismo en el campo socio-económico, decente, aborrecedor de los totalitarismos y progresista. Un hombre de Partido, como le gustaba definirse. Su honestidad y hombría de bien son obvias cualidades que no hace falta destacar. Quiero referirme en cambio a su condición de político inteligente, lúcido hasta la médula. Y vuelvo entonces veinte años atrás, a una referencia que me hiciera en una de las tantas charlas, cuando yo era un engreído jovenzuelo de la JR: “un partido vale por los dirigentes que tiene”. Luis, (“Luisito”): el sueño entrerriano de una tierra de hombres libres e iguales espera que los radicales ordenemos la casa para concretarlo desde el gobierno. Hasta siempre.

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