sábado, 28 de septiembre de 2013

Los laberintos del poder peronista


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Por Rogelio Alaniz / Cuando el 28 de octubre a la madrugada los locales partidarios del oficialismo apaguen sus luces y una persistente sensación de abandono y tristeza recorra las ruinas de una fiesta que fracasó antes de empezar, el nombre de Insaurralde se irá desvaneciendo en el aire hasta sumergirse en el olvido. Los memoriosos recordarán, en el mejor de los casos, al candidato impuesto por la señora que en el plazo de dos meses fue derrotado en todos los terrenos, derrotas infligidas por sus previsibles rivales, pero también por quienes no vacilaron en dejarlo a la intemperie cuando se le ocurrió promover leyes que rebajaban la edad de imputabilidad de los menores, a contramano de un relato oficial cuyos principales titulares en la materia siempre insistieron en que la inseguridad es una sensación malsana promovida por los tenaces y perversos designios de Magnetto y sus dóciles cómplices.

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