viernes, 30 de agosto de 2013

La hegemonía de los fracasados



POR JAMES NEILSON / Es normal que un político ambicioso termine militando en el peronismo. En los años setenta, miles de izquierdistas y neofascistas lo hicieron, asegurándonos que se trataba de "entrismo", de infiltrar el movimiento con el propósito de capturarlos como hacían extraterrestres en las películas de ciencia ficción. Más tarde, llegaría el turno de los "liberales", de los muchos que, como Amado Boudou y Massa, decidieron que las agrupaciones que brotaron en las cercanías de Álvaro Alsogaray no irían a ninguna parte, de suerte que les sería mejor seguir los pasos de tantos izquierdistas. Todos se habrán creído capaces de remodelar el peronismo. Se equivocaban; en poco tiempo, se metamorfosearon en militantes comunes parecidos a los demás compañeros, contribuyendo de tal manera a la peronización definitiva del país y también, claro está, a las consecuencias previsibles de la transformación que con tanta pasión han impulsado.

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