lunes, 19 de octubre de 2026

TRES FECHAS, UNA HISTORIA: URQUIZA, LA CONSTITUCIÓN Y EL DESTINO DE UNA CIUDAD


Cerca del lugar donde nació hace 225 años, en el paraje conocido otrora como el Talar de Arroyo Largo, Justo José de Urquiza volvió a reunir este domingo a representantes de instituciones, autoridades, estudiantes, docentes y vecinos para recordar su figura y, al mismo tiempo, poner en valor el legado que dejó en la historia entrerriana y argentina. La ceremonia se realizó en el kilómetro 141 de la Autovía Artigas, donde un monolito recuerda el lugar de nacimiento del Organizador de la Nación.

Lorenzo Gatter, alumno de quinto grado de la Escuela N° 102 “Paula Albarracín de Sarmiento”, fue el primero en tomar la palabra. Desde la mirada de un estudiante, vinculó la figura de Urquiza con uno de los aspectos centrales de su legado: la educación.

A continuación, el presidente del Centro Cultural Urquiza, Fernando Martínez Uncal, propuso ampliar la mirada y vincular el aniversario del nacimiento del prócer con otros dos acontecimientos centrales para la historia local: el 175° aniversario del Pronunciamiento del 1° de Mayo de 1851 y los 200 años de la elevación de Concepción del Uruguay al rango de ciudad.

El cierre de las palabras alusivas estuvo a cargo del presidente municipal de Concepción del Uruguay, José Eduardo Lauritto, quien puso el acento en el valor de recuperar y mantener el lugar donde nació Urquiza.

Como parte de la ceremonia se entregaron banderas históricas de la provincia de Entre Ríos tal como las utilizadas por Urquiza en la gloriosa jornada del 3 de febrero de 1852 en Caseros. Se trata de la bandera creada por el gobernador Pascual Echagüe en 1833. Los pabellones fueron destinados al Colegio del Uruguay, su Asociación de Exalumnos y al Centro Cultural Urquiza.

A continuación, se transcribe la alocución íntegra que expuso el presidente del Centro Cultural Urquiza, Fernando Martínez Uncal: 

“Hay fechas que nos invitan a recordar. Y hay fechas que, además, nos obligan a reflexionar sobre quiénes somos, de dónde venimos y cómo nos vemos de cara en el futuro más próximo.

Hoy, Concepción del Uruguay reúne tres acontecimientos que, aunque separados por el tiempo, están profundamente unidos por un mismo hilo conductor: la construcción de la Argentina como nación organizada, constitucional y federal.

Celebramos los 225 años del nacimiento del general Justo José de Urquiza; los 175 años del Pronunciamiento del 1.º de mayo de 1851, cuando Entre Ríos aceptó la renuncia de Juan Manuel de Rosas al manejo de las relaciones exteriores; y los 200 años de la elevación de Concepción del Uruguay al rango de ciudad.

Tres aniversarios que no son hechos aislados. Son capítulos de una misma historia. Una historia en la que nuestra ciudad y nuestra provincia ocuparon un lugar protagónico en la construcción de la República Argentina.

Nacido el 18 de octubre de 1801 en tierras entrerrianas, Justo José de Urquiza fue mucho más que un militar y un dirigente político. Fue un hombre de acción que comprendió que la independencia alcanzada en 1816 no estaría plenamente realizada mientras la Argentina careciera de una organización institucional estable, de una Constitución aceptada por las provincias y de reglas capaces de ordenar la convivencia nacional.

La independencia nos había dado la libertad de decidir nuestro destino. Pero faltaba construir las instituciones que hicieran posible ejercer esa libertad dentro de un país unido.

Y esa tarea exigía coraje, visión política y una enorme capacidad para comprender que ninguna provincia, ningún dirigente y ninguna ciudad podían construir por sí solos el futuro de la Nación.

Urquiza entendió que la Argentina necesitaba superar las disputas que la dividían, organizar sus instituciones y reconocer que el federalismo no podía ser solamente una consigna: debía convertirse en una realidad política.

En ese camino se comenzó a inscribir el Pronunciamiento del 1.º de mayo de 1851, ocurrido aquí, en Concepción del Uruguay.

En esta misma ciudad, Urquiza tomó una decisión que modificó el curso de la historia. Como gobernador de Entre Ríos, aceptó la renuncia que Rosas presentaba periódicamente a la conducción de las relaciones exteriores de la Confederación y dispuso que la provincia reasumiera las facultades soberanas que había delegado.

Aquel acto significó mucho más que una ruptura política. Fue la expresión pública de una voluntad: la de poner en marcha un proceso que condujera a la organización constitucional definitiva del país.

No era una empresa sencilla. Implicaba enfrentar intereses consolidados, asumir riesgos y abrir un camino cuyo resultado todavía estaba por construirse.

Pero la historia no se transforma solamente con declaraciones de principios. Se transforma cuando alguien está dispuesto a convertirlos en decisiones concretas.

Después llegaron la batalla de Caseros, el Acuerdo de San Nicolás y el Congreso Constituyente de Santa Fe. Finalmente, el 1.º de mayo de 1853, se sancionó la Constitución Nacional, y Urquiza, como primer presidente constitucional de la Confederación Argentina, asumió la responsabilidad de conducir una nueva etapa institucional.

La Constitución fue, y continúa siendo, mucho más que un documento jurídico. Es el pacto fundamental que establece cómo nos organizamos, cuáles son los límites del poder, qué derechos corresponden a los ciudadanos y qué obligaciones compartimos como integrantes de una misma Nación.

Su sanción representó la decisión de reemplazar la imposición por la ley, las disputas permanentes por instituciones y la incertidumbre por un orden constitucional.

Por eso, recordar a Urquiza no significa solamente rendir homenaje a un personaje de nuestro pasado. Significa reconocer la importancia de una obra política que permitió avanzar hacia una Argentina organizada sobre bases constitucionales.

Su legado también se expresa en la educación, en el desarrollo económico, en la administración pública y en la convicción de que el progreso de una sociedad depende de las oportunidades que sea capaz de ofrecer a sus habitantes.

La creación del Colegio del Uruguay, inaugurado en 1849, constituye uno de los ejemplos más significativos de esa visión. Apostar a la educación era apostar a la formación de ciudadanos, a la preparación de dirigentes y a la posibilidad de que el conocimiento dejara de ser privilegio de unos pocos.

Urquiza comprendió que no podía construirse una Nación moderna sin educación, sin trabajo, sin producción y sin instituciones capaces de sostener el desarrollo.

Esa concepción integral del progreso es una de las razones por las que su figura permanece ligada a la identidad entrerriana y a la historia argentina.

Y es precisamente aquí donde el tercer aniversario adquiere todo su significado.

Hace 200 años, Concepción del Uruguay alcanzaba el rango de ciudad. En 1826, cuando Urquiza impulsó esa declaración desde su actuación como diputado provincial, comenzaba también a consolidarse institucionalmente una comunidad que tendría un protagonismo extraordinario en la vida política, educativa y cultural del país.

Siendo presidente de la Legislatura, con solo 25 años de edad, las iniciativas que tuvo como legislador prefigurarían al estadista que luego fue como gobernador, en varias oportunidades y como primer Presidente de la Confederación Argentina, una vez organizado constitucionalmente el país. Entre ellas la citada elevación de villa a nuestra querida Concepción del Uruguay.

Nuestra ciudad no fue una espectadora de la historia argentina. Fue escenario de decisiones trascendentes, espacio de formación de generaciones y protagonista de acontecimientos que contribuyeron a definir el rumbo nacional.

Esta plaza, que conserva la memoria del Pronunciamiento, nos recuerda que desde una ciudad del interior, lejos de los grandes centros de poder, fue posible impulsar una transformación que alcanzó a toda la República.

Y esa es una enseñanza que mantiene plena vigencia.

El lugar donde vivimos no determina la dimensión de nuestras ideas ni limita la importancia de nuestras acciones. Las comunidades del interior tienen historia, identidad, capacidad creadora y un enorme potencial para contribuir al desarrollo nacional.

Concepción del Uruguay tiene razones para sentirse orgullosa de su pasado. Pero el orgullo verdadero no consiste únicamente en recordar las glorias de otros tiempos. Consiste en transformar esa herencia en una responsabilidad para el presente.

Volviendo al primero de los acontecimientos que hoy celebramos, el nacimiento de Justo José de Urquiza ocurrido hace 225 años en el paraje conocido entonces como el Talar del Arroyo Largo, que primero se llamó José Justo, y luego se trastocó por Justo José, donde aprendió todos los rudimentos de la vida campestre, transformándose a corta edad en un excelente jinete.

Fue en estos parajes, sin duda que Justo José aprendió a amar a estas tierras entrerrianas, a su gente, y a sentir el verdadero valor de la libertad. Pero también comprendió, en todos aquellos años de formación donde se sucedieron las guerras de la independencia primero, y luego las luchas fratricidas, que mantener la libertad sólo podía hacerse en el marco de una organización constitucional. Gozar de la libertad no podía hacerse de otra manera que sometiéndose a la ley.

Al inaugurarse este monumento hace casi 90 años, más precisamente el 17 de octubre de 1937, entre los oradores que tomaron la palabra, le tocó al poeta Delio Panizza recitar una poesía de su autoría.

Finalizo estas palabras con un fragmento de ese poema, que nos sirva de inspiración para el futuro en las tres fechas que hoy conmemoramos, los 225 años del nacimiento de Urquiza, a 175 años del Pronunciamiento y a 200 años de nuestra declaración como ciudad.

Porque honrar a Urquiza es honrar la organización nacional. Honrar la Constitución es defender las reglas que nos permiten vivir juntos. Y honrar los 200 años de nuestra ciudad es renovar el compromiso de trabajar por una comunidad mejor y por una Argentina más unida, más justa y verdaderamente federal.

El fragmento del poema dice, así:

Por eso en el Talar convulsionado,

Signo o anuncio de mejores ansias,

Tiene el arroyo una canción más noble

Y da un nuevo canto las calandrias.

 

Justo José de Urquiza ha nacido

En las selvas entrerrianas

Para emprender el pueblo su epopeya

Para ensayar su libertad la Patria.

Muchas gracias”.

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