lunes, 20 de abril de 2026

CONCEPCIÓN DEL URUGUAY, "CIUDAD DEL CONOCIMIENTO"


Por José Antonio Artusi

Concepción del Uruguay acumuló en silencio durante décadas —con la tranquilidad característica de las ciudades del interior— una masa crítica de capital humano, instituciones educativas, infraestructura tecnológica y tradición cultural que hoy, en plena era de la economía del conocimiento, la posiciona como uno de los polos emergentes más interesantes del país.

En 1849 Justo José de Urquiza fundó aquí el Colegio del Uruguay, la primera institución de educación secundaria laica de la Argentina. Ese acto fundacional no fue casual: expresaba una convicción de que el progreso de un país se construye con educación y ciencia. Ciento setenta y siete años después, esa convicción puede seguir siendo el ADN uruguayense.

La tradición educativa no quedó congelada en el siglo XIX. Concepción del Uruguay tiene hoy cuatro universidades en funcionamiento, con una trayectoria propia que completa un ecosistema académico notable para una ciudad de su escala. Cuatro casas de altos estudios en una localidad de menos de cien mil habitantes es una densidad universitaria que pocas ciudades intermedias del país pueden exhibir. A ese tejido académico se suman el INTA y el INTI, dos organismos que anclan la investigación aplicada y el desarrollo tecnológico en el territorio.

Una ciudad universitaria genera, casi inevitablemente, un ecosistema. Genera profesionales que en muchos casos deciden quedarse o volver. Genera emprendedores que convierten el conocimiento en productos y servicios. Genera una cultura de la formación continua, del debate intelectual, de la apertura a lo nuevo.

En los últimos años, ese ecosistema se ha ido articulando de maneras más visibles. El sector del software ha crecido sostenidamente. Empresas de desarrollo, consultoras tecnológicas y estudios de diseño digital han encontrado en Concepción del Uruguay condiciones favorables: recursos humanos calificados producidos por las universidades locales, costos operativos significativamente menores que en las grandes ciudades, y una calidad de vida que retiene talento. El trabajo remoto aceleró esta dinámica: el profesional que antes debía emigrar a Buenos Aires, Córdoba o Rosario para desarrollar su carrera, hoy puede hacerlo desde aquí, con conectividad y con las comodidades de una ciudad a escala humana.

La zona franca de Concepción del Uruguay agrega una dimensión estratégica al cuadro. Con beneficios impositivos y aduaneros, facilita la radicación de empresas con proyección internacional, simplifica la logística de exportación de servicios y bienes, y atrae inversiones que en otras condiciones irían a destinos más costosos. Para la economía del conocimiento —que produce servicios exportables de alto valor agregado y bajo peso físico—, una zona franca bien aprovechada es una ventaja competitiva de primer orden. La zona franca puede jugar aquí un rol determinante: facilitar la importación de equipamiento tecnológico, reducir la carga fiscal sobre las operaciones y permitir estructuras societarias que favorezcan la inversión extranjera directa.

Tenemos los elementos para poner en marcha el famoso "triángulo de Sábato" (Estado, Universidad y Empresa) funcionando de manera armónica y sinérgica.

La expansión global de la inteligencia artificial, el procesamiento masivo de datos, la automatización de procesos productivos y otros desarrollos tecnológicos están generando una demanda extraordinaria de infraestructura digital: data centers, laboratorios de inteligencia artificial, centros de procesamiento y análisis.

Los factores que hacen atractiva a una ciudad para este tipo de inversiones son precisamente los que Concepción del Uruguay puede ofrecer. Uno de esos factores se la disponibilidad de energía eléctrica: la ciudad está en una zona con acceso a la red de alta tensión y estabilidad en el suministro, condición indispensable para operaciones que no toleran cortes. Otro, la conectividad: el desarrollo de las redes de fibra óptica y las mejoras en la infraestructura de telecomunicaciones han acortado la distancia digital entre el interior y los grandes centros urbanos. Adicionalmente, disponibilidad de suelo con las características técnicas y urbanísticas adecuadas, a valores muy inferiores a los de las grandes ciudades.

Hay además un factor que se volverá cada vez más determinante: el agua. Los data centers son grandes consumidores del recurso, que utilizan principalmente para refrigeración. Concepción del Uruguay cuenta con infraestructura de captación y tratamiento consolidada. Esa disponibilidad hídrica, que en otras latitudes ya es un factor limitante para la instalación de centros de procesamiento, aquí es una ventaja estructural. Pero la ecuación puede ir más lejos: el calor residual que generan los data centers —un subproducto que hoy se disipa sin aprovechamiento— abre posibilidades concretas de valorización. Puede orientarse a procesos agroindustriales que requieren temperatura controlada o a ciclos de generación termoeléctrica que devuelvan parte de esa energía a la red. Integrar la infraestructura digital con la matriz productiva y energética del territorio no es ciencia ficción: es ingeniería aplicada, y es exactamente el tipo de innovación sistémica que la ciudad podría desarrollar.

Otro factor es el capital humano. Un data center no es solo hardware: requiere ingenieros, técnicos, administradores de sistemas, especialistas en ciberseguridad. Una ciudad con cuatro universidades y una tradición de formación técnica produce exactamente ese perfil profesional. Y otra ventaja es la tranquilidad y la seguridad. Los centros de datos y los laboratorios tecnológicos necesitan entornos seguros, con baja conflictividad social. Concepción del Uruguay, con sus buenos indicadores de seguridad pública puede ofrecer ese entorno.

Los trabajadores del conocimiento —desarrolladores, científicos de datos, diseñadores, investigadores— valoran cada vez más la posibilidad de vivir en ciudades donde el tránsito no los consuma, donde sus hijos puedan ir a escuelas de calidad, donde los hospitales funcionen, donde exista vida cultural y recreativa, y donde el costo de vida permita una existencia digna.

Concepción del Uruguay ofrece exactamente eso. Tiene un hospital de referencia regional, con servicios de especialidades que exceden lo esperable para una ciudad de su escala. Tiene una oferta educativa —desde el nivel inicial hasta el universitario— que es uno de sus activos más consolidados. Tiene teatros, museos, clubes, espacios verdes, atractivos turísticos envidiables. Es obvio que hay muchísimo por mejorar, pero tiene esa dimensión justa en la que todavía es posible conocer a los vecinos, llegar al trabajo en bicicleta y tomarse un café tranquilo frente a la plaza Ramírez.

Y tiene algo más: la proximidad. Está a menos de cuatro horas de Buenos Aires, a distancia razonable de Rosario, Montevideo y Porto Alegre. No es un lugar aislado; es un lugar tranquilo con acceso al mundo.

Las ciudades que logran posicionarse en la economía del conocimiento no lo hacen por accidente ni por la simple acumulación de activos. Lo hacen porque en algún momento sus dirigentes asumen que el desarrollo no es un resultado espontáneo sino el producto de políticas deliberadas, planificadas y sostenidas en el tiempo

Concepción del Uruguay tiene los ingredientes. Tiene historia, tiene instituciones, tiene capital humano, tiene infraestructura y tiene calidad de vida. Lo que todavía falta es la arquitectura institucional que permita convertir ese potencial en desarrollo concreto: una estrategia de largo plazo que trascienda los ciclos electorales, mecanismos de articulación entre las universidades y el sector productivo, incentivos sostenidos para la radicación de inversiones tecnológicas, y una gestión activa de la zona franca orientada específicamente a la economía del conocimiento.

Sin esa construcción política e institucional, los activos seguirán siendo potencial. Y el potencial puede ser la forma más elegante de nombrar una oportunidad que no se aprovechó.

 

Publicado en el diario La Calle el 19 de abril de 2026.

martes, 14 de abril de 2026

LA UNER Y EL CENTRO CULTURAL URQUIZA ACORDARON LA EDICIÓN DE UNA COLECCIÓN DE LIBROS SOBRE EL ORGANIZADOR DE LA NACIÓN


Se firmó el pasado sábado 11 de abril un convenio entre la Universidad Nacional de Entre Ríos y el Centro Cultural “José de Urquiza”, por el que ambas instituciones acordaron la edición, a través de la Editorial de la UNER, de una colección de doce libros sobre diversos aspectos del legado de Urquiza.  

En un acto que tuvo lugar en la sede del Rectorado de la Universidad en Concepción del Uruguay rubricaron el convenio el rector de la UNER, Andrés Ernesto Sabella, y Hugo Barreto, presidente del CCU.

La colección incluirá obras escritas en español, pertenecientes a autores seleccionados en acuerdo entre las partes, con el propósito de divulgar a un público general la vida y obra de Justo José de Urquiza. Los libros reunirán distintas voces y miradas sobre la significación histórica del primer presidente constitucional de la República Argentina.

La implementación del convenio estará a cargo del director de EDUNER, Lic. Gustavo Esteban Martínez y de Fernando Martínez Uncal, representante del Centro Cultural Urquiza.  

La colección se publicará en formato electrónico y en libre acceso y estará también abierta la posibilidad de realizar la impresión de las obras. Cada volumen incluirá material multimedia producido por la UNER.   

LA CRISIS DEL TRANSPORTE PÚBLICO COMO UNA OPORTUNIDAD PARA LA MOVILIDAD SOSTENIBLE

Por José Antonio Artusi

El medio digital “Ojo Urbano” informó el 31 de marzo pasado que “Concepción del Uruguay amaneció este martes sin transporte público urbano luego de que se venciera el contrato vigente y ninguna empresa se presentara a la última licitación realizada por el municipio. La medida afecta a miles de usuarios, trabajadores y estudiantes que dependen del servicio para movilizarse en la ciudad. Las compañías advirtieron que los costos operativos, especialmente el gasoil, hacen inviable sostener la prestación bajo las tarifas actuales”.

La noticia de la crisis deja abierta la puerta para la búsqueda de la oportunidad; el desafío consiste en aprovechar la emergencia del problema para explorar caminos alternativos que nos lleven a encontrar un modelo de movilidad sostenible, en el que el transporte público colectivo de pasajeros se integre armoniosamente con otras modalidades, en el contexto de una ciudad que planifica adecuadamente su desarrollo.

El modelo urbano que se fue consolidando en las últimas décadas privilegió el vehículo particular: calles sin ciclovías, escasa prioridad peatonal, localizaciones comerciales y de servicios alejadas de los barrios residenciales, y una inversión prácticamente nula en infraestructura para movilidad alternativa. El colectivo era el único amortiguador de esa desigualdad de acceso.

Esto no es una crisis de transporte: es una crisis de ordenamiento territorial. Mejorar el transporte público requiere dejar de ver al colectivo como un elemento aislado y empezar a entenderlo como una parte del sistema circulatorio de la ciudad, y a la movilidad en general como parte del metabolismo urbano. El objetivo es pasar de un modelo "auto-céntrico" a uno basado en la pirámide de la movilidad invertida, donde se priorice al peatón y al transporte público.

Un plan de movilidad no es simplemente un esquema de recorridos de colectivos. Es un instrumento técnico-político que define cómo se mueven las personas, en qué medios, con qué lógica de eficiencia y equidad, y cómo esa movilidad condiciona —y es condicionada por— los usos del suelo, la densidad, la localización de equipamientos y la calidad del espacio público.

La clave no es "moverse más", sino "moverse mejor". Ello implica:

  • Densificación de Corredores: Fomentar tejidos urbanos más densos y compactos sobre las vías principales, que a su vez se constituyen en corredores de movilidad. Esto contribuiría a disminuir la presión para la expansión descontrolada de la mancha urbana sobre periferias cada vez más distantes, dispersas y desconectadas.
  • Gestión de Usos del Suelo: la movilidad no es una isla. La necesidad de desplazamientos depende de la localización relativa de las funciones urbanas. Si el ordenamiento territorial permite que las fuentes de trabajo, los comercios, y los centros de salud y educativos estén cerca de las zonas residenciales, se reduce la presión sobre el sistema. Una ciudad amigable para caminar y para andar en bicicleta, porque las distancias lo permiten, reduce la necesidad de transportes motorizados. El transporte es "demanda derivada": la gente se mueve porque se la obliga a buscar lejos lo que debería tener cerca. La densidad y la mezcla de usos son las condiciones objetivas para que el transporte público funcione.
  • Sistema en red con ejes ortogonales: En lugar de líneas que serpentean por toda la ciudad como en un laberinto, se deberían establecer ejes ortogonales lo más rectilíneos posibles, con frecuencias adecuadas y unidades más pequeñas. En las intersecciones entre líneas debería haber nodos que permitan combinaciones.  Debemos pasar del anterior sistema de líneas superpuestas a un esquema racional de líneas complementarias.

No habría que descartar a priori una reforma profunda y ambiciosa del sistema, que utilice íntegramente unidades eléctricas, tal como están haciendo muchas ciudades en todo el mundo. La transición hacia buses eléctricos es costosa inicialmente, pero muy rentable a largo plazo por el menor mantenimiento y costo de energía.

La pregunta obvia es cómo se financia. Aquí habría que diferenciar entre la inversión inicial y el costo de operación del sistema. Para la inversión inicial en buses eléctricos habría que evaluar la posibilidad de acceder a financiamiento de organismos internacionales, que ofrecen tasas preferenciales para proyectos que reduzcan la huella de carbono. Para un municipio aislado quizás sea una misión imposible, pero si se elabora un proyecto conjunto que abarque a varias ciudades intermedias, con asistencia técnica y avales de organismos nacionales o provinciales, es probable que la idea se torne más factible, a la vez que aparecerían economías de escala por la magnitud de las compras por mayores cantidades. Por otro lado, las obras para la construcción de paradas, carriles, etc. podrían financiarse con el clásico mecanismo de la contribución por mejoras. Los sistemas de movilidad que mejoran la accesibilidad a ciertas áreas valorizan el suelo. Esa valorización, generada íntegramente por el esfuerzo de la comunidad, puede y debe ser recuperada y reinvertida en beneficio de la sociedad en su conjunto. Luego viene el desafío de la financiación del funcionamiento del sistema. Es probable que la recaudación por tarifas adecuadas no alcance a cubrir el costo total de un servicio de calidad. En ese sentido habría que crear un fondo de movilidad sostenible, que se nutra de fuentes tales como el cobro del estacionamiento medido, la recaudación por multas de tránsito, la tasa comercial que abonan las estaciones de servicio por expendio de combustible, un componente de “movilidad” en la tasa general inmobiliaria en las zonas más favorecidas por el nuevo sistema, parte del cobro de la concesión onerosa de edificabilidad adicional en corredores ya previsto en el COTA, etc. Ese fondo de movilidad sostenible debería cubrir eventuales déficits producto de la diferencia entre los costos operativos y la recaudación por tarifas, previendo expresamente subsidios para estudiantes, docentes, jubilados, abonos mensuales para trabajadores, etc. En síntesis, el financiamiento no debe recaer únicamente en la tarifa ni en subsidios cada vez más inciertos. Se trata de un sistema de autofinanciamiento donde la valorización del suelo generada por el Estado y el cobro por externalidades negativas (estacionamiento, contaminación, congestión, inseguridad vial, etc.) vuelve a la comunidad.

Un sistema eficiente de transporte público eléctrico tendría impactos positivos enormes, no sólo para sus usuarios directos. Eliminaría el ruido y los gases contaminantes, y mejoraría la seguridad vial. Al desincentivar el uso de motos (el vehículo con mayor tasa de accidentes graves) y los autos particulares, la siniestralidad vial disminuiría drásticamente. Las unidades eléctricas suelen venir equipadas con sistemas modernos de frenado autónomo y limitadores de velocidad. Además, un sistema de movilidad seguro y eficiente reduce la congestión en áreas centrales y reduce la demanda de estacionamiento.

No se trata solo de "arreglar el transporte público"; se trata de diseñar la ciudad del siglo XXI. Una ciudad donde moverse sea un derecho ejercido con dignidad, y no una odisea diaria. La suspensión por tiempo indeterminado del servicio es un síntoma de una enfermedad mucho mayor: la falta de visión a largo plazo. Concepción del Uruguay tiene la escala y los recursos para ser una ciudad de vanguardia en movilidad y desarrollo urbano para mejorar la calidad de vida. Estamos frente a una oportunidad inmensa —forzada por la crisis, es cierto— de dejar de administrar un déficit crónico y empezar a planificar y gestionar un futuro mejor.

 

Publicado en el diario La Calle el 12 de abril de 2026.

sábado, 11 de abril de 2026

SE INAUGURÓ LA MUESTRA AUDIOVISUAL SOBRE JUSTO JOSÉ DE URQUIZA



Quedó inaugurada este sábado 11 de marzo una muestra audiovisual sobre diversos aspectos de la vida y obra de Justo José de Urquiza. Se trata de un proyecto elaborado por la Universidad Nacional de Entre Ríos en conjunto con el Centro Cultural “Justo José de Urquiza” y que contó con el apoyo de la Municipalidad de Concepción del Uruguay.

En una sala de la casa de Urquiza ubicada frente a la Plaza Ramírez, especialmente acondicionada a tal fin, funcionarán dispositivos audiovisuales que brindarán a los visitantes una forma novedosa de acercarnos al conocimiento de nuestra propia Historia.

Hugo Barreto, presidente del Centro Cultural Urquiza, manifestó al dirigirse a la numerosa concurrencia que asistió al acto que “hoy no es un día más. Hoy abrimos una puerta que no solo da acceso a una sala, sino también a nuestra memoria, a nuestra identidad y a nuestro futuro. Nos convoca la inauguración de esta sala audiovisual, que será parte del futuro Museo de la Organización Nacional, un espacio que nace con raíces profundas en la historia y con la mirada puesta en las generaciones que vendrán. Este proyecto tiene un sustento institucional que nos llena de orgullo: el ordenanza N.º 11.327 del Honorable Concejo Deliberante de nuestra ciudad, que le da marco y legitimidad a un sueño largamente anhelado. Un sueño que encuentra su lugar natural en la Casa de Urquiza, símbolo vivo de una etapa fundacional de la Argentina. Pero este sueño no nació de la nada. Es fruto de una iniciativa del Centro Cultural Urquiza, que fue presentada oportunamente en el Club Social por la querida y recordada profesora Luisita Baggio, a quien hoy evocamos con emoción y gratitud. Su visión, su compromiso y su amor por la historia siguen iluminando este camino que hoy tenemos el orgullo de continuar. Nada de esto hubiera sido posible sin el trabajo conjunto. Nos enorgullece profundamente haber articulado esfuerzos con la Universidad Nacional de Entre Ríos, con el acompañamiento del municipio y con el valioso apoyo del Correo Argentino. Estas alianzas son las que permiten que las ideas se transformen en realidades concretas.

Para finalizar, el presidente del CCU enfatizó que “esta sala audiovisual es apenas el comienzo. Es el primer paso de un proyecto ambicioso, pensado para que nuestra ciudad tenga el protagonismo que realmente merece en la historia grande de la Nación. Un lugar donde vecinos y visitantes puedan reencontrarse con el pasado y, al mismo tiempo, descubrir nuevas formas de interpretarlo. Los invito, entonces, a que acompañemos este camino. A que hagamos propios estos espacios. A que defendamos y promovamos iniciativas que rescatan los valores del pasado, no como piezas de museo inertes, sino como cimientos vivos que nos permiten sostener el presente y construir, con esperanza y responsabilidad, el futuro que queremos”.

El acto contó también con las palabras del rector de la Universidad Nacional de Entre Ríos, Andrés Sabella, y de la directora de Museos de la Municipalidad, Marita Petrone; quienes valoraron el trabajo conjunto y mancomunado de las instituciones que colaboraron en la concreción del proyecto.    

domingo, 8 de marzo de 2026

HIPATIA DE ALEJANDRÍA

Por José Antonio Artusi

Se cumplen 1611 años de la muerte de Hipatia de Alejandría. Hipatia nació en Alejandría en 355 o 370 y murió asesinada el 8 de marzo de 415 en su ciudad natal. En realidad, la fecha de su muerte no está del todo clara, pudo haber sido otro día, pero el dato es irrelevante. No deja de ser una interesante coincidencia que el 8 de marzo sea también el Día de la Mujer.

Hipatia fue filósofa, científica y maestra. Descolló en los campos de la matemática y la astronomía.   Pero Hipatia fue algo más; la encarnación del pensamiento libre en un mundo que comenzaba a cerrarse y oscurecerse. En una época donde la Iglesia buscaba consolidar su poder mezclando la religión con el Estado, Hipatia representaba la libertad de pensamiento y, sobre todo, la autoridad intelectual encarnada en una mujer.

Su valioso ejemplo no pasó desapercibido para los intolerantes. Una turba de cristianos fanáticos la asesinó cruelmente y quemó su cadáver. Muchos historiadores asignan la instigación del crimen al patriarca de Alejandría, Cirilo, si bien el debate sobre la cuestión sigue abierto.  Su episcopado se caracterizó por la persecución a judíos, paganos y cristianos de tendencias consideradas herejes, lo que abona la verosimilitud de la acusación.  

Hace 1611 años, las calles de Alejandría fueron testigos de uno de los crímenes más atroces contra la inteligencia. Hoy, ese mismo fanatismo, mutado pero idéntico en su esencia, dicta sentencias en Kabul y Teherán. Y mientras el cuerpo de las mujeres sigue siendo el campo de batalla de las teocracias, una pregunta incómoda flota sobre Occidente: ¿Por qué guardan silencio quienes dicen defender a las mujeres y a los derechos humanos?

El asesinato de Hipatia no fue un accidente, sino un mensaje político. Hipatia murió por ser una mujer que no conocía la sumisión y por poseer un conocimiento que los clérigos de su tiempo consideraban una amenaza.

Teresa Mayor Ferrándiz señala que “Hipatia aparece como la víctima inocente de un integrismo cristiano que persigue, con saña, basándose en el Decreto del Emperador Teodosio I del año 391, los cultos paganos y que destruirá toda religión, o templo, que no sea cristiano”.

Si Hipatia resuscitara, vería un mundo que en muchas latitudes ha sido transformado positivamente por la luz de la razón, pero también observaría un mapa ominoso y lúgubre donde su tragedia se repite. Bajo el régimen talibán en Afganistán, las mujeres han sido expulsadas de las universidades y las escuelas. Su derecho a la educación es violado de manera impune y negado expresa y formalmente por la dictadura que las oprime. Se les ha prohibido trabajar, y, esencialmente, existir en el espacio público. Es un apartheid de género que busca convertir a la mitad de la población en fantasmas domésticos. Al prohibirles la educación, los talibanes no solo castigan a las mujeres; están asesinando el futuro de una nación, tal como la turba de Cirilo asesinó la sabiduría de Alejandría. En Irán, la teocracia masacra a quienes claman por "Mujer, Vida, Libertad". La muerte de Mahsa Amini por llevar "mal puesto" el hiyab fue el detonante de una resistencia heroica. Allí, mostrar el cabello es un acto de insurrección contra el dogma; es reclamar la propiedad del propio cuerpo frente a un Estado que utiliza la religión como un látigo. Las mujeres iraníes están siendo torturadas y ejecutadas por el mismo pecado que Hipatia: negarse a bajar la mirada ante el fanatismo. Y hoy el régimen iraní masacra decenas de miles de ciudadanos que reclaman libertad y el fin de la dictadura. 

Lo más doloroso de este panorama no es solo la brutalidad de los opresores —cuya naturaleza es previsible, y hasta coherente con su perversa ideología— sino la cobardía cómplice de quienes, desde la seguridad de las democracias liberales, prefieren mirar hacia otro lado o justificar patéticamente lo injustificable.

Asistimos a una era de feminismo de salón, más preocupado por el lenguaje inclusivo o las cuotas en los consejos de administración de las empresas, que por la vida de las mujeres que se juegan la vida por leer un libro en Kabul o mostrar su cuerpo en Teherán. Existe una disonancia cognitiva aterradora en muchas organizaciones que se autoproclaman feministas y defensoras de los derechos humanos que, por miedo a ser tildadas de "islamófobos" o por una malentendida "tolerancia cultural", abandonan a las mujeres que realmente ven vulnerados sus derechos más elementales.

Las causas de este silencio seguramente son complejas y múltiples. Pero urge analizar y denunciar el fenómeno. Una de sus aristas consiste en el relativismo cultural como excusa: Se ha instalado la idea perversa de que los derechos humanos son un "invento occidental" y que no debemos "imponer" nuestros valores. ¿Es la libertad de no ser azotada un valor local o bien universal? Nunca enfatizaremos lo suficiente que los derechos humanos son universales y no reconocen fronteras de ningún tipo. 

Otro aspecto del desvarío occidental radica en la jerarquía de las luchas: Para muchos sectores de la izquierda identitaria, denunciar el fundamentalismo islámico es políticamente incorrecto. Prefieren atacar a Israel en una calle o una universidad de Nueva York o Buenos Aires mientras callan ante crímenes atroces contra mujeres en países donde la democracia, los valores republicanos y los derechos humanos son considerados inventos demoníacos de Occidente. Y puede haber también cierto miedo a la cancelación: Criticar la opresión religiosa cuando esta no es cristiana parece haberse vuelto un tabú. Se olvida que la intolerancia es un cáncer, independientemente del libro sagrado que la justifique.

Es una hipocresía flagrante que se organicen manifestaciones para reclamar la vigencia de los derechos humanos pero que las embajadas de países totalitarios no vean a esas mismas personas exigiendo el fin del sometimiento femenino. El silencio de las instituciones internacionales y de los lobbies feministas no es neutral; es oxígeno para los tiranos.

Cuando se calla ante la obligación de usar el hiyab o ante la prohibición de la educación femenina bajo la sharía, se está validando una ideología reaccionaria y peligrosa, similar a la que martirizó a Hipatia. No se puede defender los derechos de las mujeres y los derechos humanos en general "a tiempo parcial" o "según la latitud", o “según la cultura”.

La figura de Hipatia debe servirnos no sólo como un recordatorio de lo que perdemos cuando el fanatismo triunfa, sino como una advertencia sobre la fragilidad de nuestras propias libertades. La tolerancia con el intolerante es, en última instancia, una traición a las víctimas.

Las mujeres sojuzgadas en regímenes teocráticos son las herederas de la científica de Alejandría. Cada vez que una niña afgana estudia a escondidas, o una mujer iraní quema su velo, el espíritu de Hipatia renace. Occidente tiene la obligación moral de no dejarlas solas. El feminismo que no es universal es una forma de privilegio egoísta. Si no somos capaces de alzar la voz por aquellas que no tienen voz, habremos permitido que los intolerantes y fanáticos vuelvan a ganar la batalla, dieciséis siglos después.

 

Fuentes:

Mayor Ferrándiz, Teresa. "Hipatia de Alejandría. El ocaso del paganismo." Dialnet. 2013. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/5174553.pdf.

Toohey, Sue. "The important life and tragic death of Hypatia." Skyscript. 2003. https://www.skyscript.co.uk/hypatia.html.

 

Publicado en el diario La Calle el 8 de marzo de 2026.