Por Adriana Ortea
Conocí a Jorge -en Colón- en su última década, y Liebig fue el motivo de nuestro encuentro: la historia del pueblo, la fábrica y su gente nos convocó. Nos hicimos amigos. Compartimos almuerzos y tardes de mate -siempre junto a Marta-. También, cenas musicales de verano en el patio familiar, con hijos, nueras y algún nieto.
El
amigo poeta… más allá de Liebig
Desde
la partida de Jorge y Marta, me aventuré entre sus papeles, documentos y libros,
para conocer así “al poeta de la entrerrianidad” que se expandió como escritor
de la palabra, mucho más allá de los límites del pago chico. El trabajo con su archivo me permitió
descubrir un acervo documental que es testimonio de toda una vida a orillas del
rio Uruguay… y esta exploración me permite ahora compartir con ustedes su
devenir.
Del
Paraná al Uruguay [1926 – 1930]
Martí
se movió como pez en el agua en mundos diversos, de tensiones y encuentros.
Abrazó a “su entre ríos” desde el río Paraná donde nació, hasta el río Uruguay
desde donde voló poéticamente. El río de los pájaros tiene una presencia
preponderante. Al punto, de haber soñado un “canto de amistad hermanado” con Aníbal
Sampayo. Esto, quiso ser una edición de poemas y músicas dedicadas “al río que
nos une… y a veces nos desune”.
En
Rosario, nació en el día del maestro y fue para muchos, un poco maestro. Tiene
pocos recuerdos de su casa natal, pero aquí lo vemos en algunas fotos de su
padre: con su madre, en el patio, en sus primeros pasos… antes de viajar los
tres en tren a BA y navegar en el Vapor de la Carrera de la empresa Mihanovich.
En
Colón, lo recibió el puerto “que hoy ya no está”, pero siempre permanece el río
de los pájaros. Con su madre recorrían la costanera -donde Quirós alguna vez lo
saludó y lo contó en un poema. También, paseaban por el parque con el nombre del
mismo Quirós. Quizás, por ello ¡fue su gran admirador!
El pueblo trabajador
[1930-1955]
El
destino entrerriano era Fábrica Colón, donde su padre fue jefe de serenos, pero
también de enfermería, y tiempo después, se ocupó del comedor de obreras, del guardarropa
y la niñería. Su niñez se desarrolló entre la diversidad de
trabajadores: desde los jefes que hablaban inglés a los peones correntinos que
dominaban el guaraní. Jorge se definió como un “guri chalesero en medios
populares,” entre trabajadores, obreros y obreras.
Cuando llegaron al
pueblo, se inauguraba el puente sobre el Perucho. La casa de Liebig pronto se
llenó de plantas gracias a la mano de su madre y su padre tuvo urracas hasta
que el niño les abrió la jaula, y las dejo volar. Los padres vivieron en el
pueblo hasta su jubilación, cuando se mudaron a Colón con su hijo y familia.
Jorge se movió entre la escuela Hipolito Vieytes y la biblioteca, donde
retiraba libros -sobre todo novelas- p/su madre. Un mundo de juegos entre
chapitas y bolitas… donde fue compañero de Zelich, Dominchin y Barreto. Vecino
de los ilustres Ogan Rivadavia y amigo de los inglesitos Grace y Hunt… pero, también
de los bravos correntinos, conocidos como los “Pujolines”
Tomó la comunión en el club porque aún no había capilla en el pueblo. Más grande, vino el fútbol al arco en la canchita de la canaleta y las salidas en bicicleta, pero su sitio predilecto fue el monte y el río, donde aprendió a pescar con su padre y se metió entre las islas en canoa con el sereno García. Por todo esto, el escritor Panizza lo llamó el “vate del Perucho”.
Los Martí, como todas las familias del pueblo trabajador participaron de la vida comunitaria: en el fútbol o el golf o el tenis, en cumpleaños y “juntadas” de niños y en la inauguración tardía de la capilla (1950). Jorge continuó siempre ligado a Liebig. Iba y venía mientras estudiaba. Luego, escribirá sobre las crisis económicas de la Compañía; y la familia Reobasco fue el vínculo permanente de información.
La casa de las tonadas
[1939-1943]
Del pueblo pequeño,
Martí arribó a la ciudad de Concepción del Uruguay. Allí encontró un clima
distinto. Su adolescencia transcurrió en un colegio de prestigio, internado entre
las “múltiples tonadas de erres arrastradas y nombres guaraníes”. En La Frater,
conoció la amistad de los hermanos que no tuvo. Jorge siempre valoró cuanto le
debía a esta entidad solidaria comprometida con los “jóvenes ricos de
inteligencia y pobres de fortuna.”
El
tiempo del colegio histórico -como lo escribirá más adelante- fue el tiempo de las serenatas, la plaza Ramírez dominguera y sus vueltas
alrededor, la llamada de la campana, los paseos en chalana, ir al puerto para
ver los barcos pasar, el mate compartido, el chécale celebratorio, las pitadas
del 1° cigarrillo… y también, por qué no, las primeras noviecitas.
Los primeros versos
surgen a escondidas y firmados con seudónimo. El archivo de Jorge conserva esos
Cardos Iniciales del ’42 al ’44 manuscritos en tinta -escritos en
Fábrica Colón o Concepción- sucesos cotidianos que resultan ser su inspiración
nostalgiosa. En 1943, recibió su primera medalla por sus líneas en prosa y
verso: La Frater pasado, presente y futuro… y desde entonces, ya se sintió
escritor.
De Rojas a Panizza
[1944-1958]:
Entre
la probable medicina y la literatura puso rumbo a Buenos Aires para estudiar en
Filosofía y Letras. Allí conoció al escritor Ricardo Rojas, su mentor literario
y político, de quien “aprendió lo poco que sabe”. Jorge lo visitaba en su casa:
“la cátedra libre de la calle Charcas”, mientras estuvo prohibido en la
facultad. Tocaba el timbre y se presentaba: “Martí, de Entre Ríos” … y no hacía
falta decir mucho más.
La
universidad y la biblioteca de calle México le regalaron charlas de grandes
escritores y su amistad (más tarde compartida en su libro Poetas). También,
comenzó su militancia estudiantil con un mes en Devoto… y continuó, a pesar de
las injusticas del poder y a veces, de sus propios correligionarios. Radical
por herencia, no fue candidato a nada. Por entonces, comenzará a publicar sus
poemas en El Orden de Colón.
Entre
Rojas y Panizza se decide el rumbo de Jorge. Rojas le marcó el sentido de
“argentinidad” y Panizza el de “entrerrianía” [osada y guerrera]. Con el tiempo,
el poeta abrazó un concepto más amplio y profundo: la “entrerrianidad”, esa confluencia
de paisajes, costumbres y su gente.
El
acervo documental de Martí refleja la trascendencia de estas amistades al
conservar sus libros dedicados, cartas y tarjetas… y es importante destacar que
el Museo Rojas conserva 18 cartas Jorge del ’47 al ’56. Así como Rojas lo
motivó a volver a Entre Ríos; Panizza lo incitó a editar sus versos:
“repáselos, corríjalos y publíquelos”.
Consiguió
sus primeros artículos en La Nación por gestión de Rojas. Al primero sobre el
Palmar, le siguieron otros de la ciudad de Colón y Concepción, como una manera
de dar a conocer las bellezas entrerrianas. Aceptó la dirección de El Orden y será
clausurado por el “censor Visca”, por el sólo hecho de ser opositor. Es aquí
que comienza a desprenderse de su seudónimo y publica sus primeros libros:
Panambí y Al Colegio del Uruguay, compartiendo sus recuerdos fraternales.
A
éstos, le siguió Fraternilia, que coincide con el 75° aniversario de La Frater
cuando Ernesto Maxit le propone la vicedirección; y poco después, llega Antigua
Luz, que recibirá la Faja de Honor de la Sociedad de Escritores junto a Bioy
Casares y otros. Por entonces, la peña Ñanderogami se convirtió en “los
domingos de empanadas locro y vino”, punto de encuentro con Florencio López,
“el de la mano abierta”, y el arpa del uruguayo Aníbal Sampayo.
Para
publicar Antigua Luz, Panizza recomendó la Imprenta Urquiza Cabral, donde
conoció a Marta, su compañera por más de sesenta. Comenzó un proyecto con su suegro
para hacer tres o cuatro libros por año y una antología de poetas fraternales
[que nunca se editó]. En el marco de la Revolución Libertadora es nombrado
Director de Penales: dejó su río Uruguay para reorganizar trece penales. Sin
embargo, en año y medio fue un hombre a la deriva, sin trabajo, alejado de la
familia … y desilusionado porque “el triunfo de la libertad y la consigna de reconstrucción
no aseguró ni honestidad, ni capacidad ni vocación” …
Esta es mi casa
[1960-2018]:
Colón
fue el lugar elegido para formar el hogar, con Marta, cinco hijos y más tarde,
se sumarían sus padres. Conociendo la casa me cuesta imaginar cómo vivían allí nueve
personas… sin dudas, apretadísimos, pero con mucho amor… afecto que se
derramaba entre amigos, hermanos fraternales y discípulos…. porque la puerta de
casa siempre estuvo abierta!
La
casa de Colón antes fue Consulado de Uruguay y vivienda de los Sanguinetti,
donde recibió inundados en la creciente del ’59. Allí funcionó la imprenta
familiar: con Marta de
impresora: hacemos todo/editamos Tribuna, el semanario/y también la revista así
llamada… /Como aval protector de la inversión/ teníamos trabajo asegurado/y en
la mitad del sueño programado/cerró Liebig y nuestra protección.
Algunas
de sus publicaciones fueron: el periódico y revista Tribuna… el proyecto
Tribuna Deportiva y la guía Colón, la entrerriana de paisaje millonario.
También, editaron una guía de televisión para Paysandú y Concepción. Hacia 1965
hicieron un gran trabajo con las cajas de caldos de pollo para Liebig y en
1977, para el centenario, “La Frater Cantada”, con poemas de autores fraternales.
A
fines de los ’50 -con Liebig en crisis- un grupo de vecinos se preocuparon por los
efectos en Colón y empezaron a reunirse con el sueño de una refundación a
partir del turismo. La llegada al gobierno municipal de Dominchín (vecino y
amigo de Liebig) llevó a Jorge a sumarse y, en esa gestión alumbraron grandes
proyectos: la balsa, las casillas, el proyecto del puente, los bungalows, el
palmar, el hotel, la difusión callejera, etc.
Jorge
-desde la Comisión de Cultura- fue el nexo con Luis Perlotti para el monumento
a Quiros del centenario (1963). El escultor desde 1953 tenía guardado en su
taller los yesos del conjunto escultórico La Protección y les presentó 2 croquis
a mano alzada para su elección. En principio envió la maqueta y un medallón del
Dr. Quirós (diciembre) y luego, mandó los planos de obra, para levantar la
escultura frente al parque.
La
década del ’70 prometía: edita en su imprenta Entre Ríos y canciones, comienza
con las Opiniones de un entrerriano en la radio… y se inician las obras del
puente Colón-Paysandú. Nuevamente, la gestión municipal de su amigo Roberto
Girard lo motivó a integrarse como secretario de Gobierno, donde el
programa prometía “el despegue de Colón”. Se inauguró el puente, pero sin
público… y en lugar de Puente de la Amistad se lo denominó Artigas.
En
1975 llegó su consagración como poeta con Rapsodia Entrerriana al recibir el
premio Fray Mocho, aunque el libro se publicó varios años después (por
resistencia del gobierno militar). Este periodo fue muy prolífico en sus
colaboraciones periodísticas: la revista Sucesos de Concepción en los domingos y
diario El Sol de Concordia. También, fue muy relevante su participación radial
en La Noche de Entre Ríos de Roberto Román: “porque todo el mundo se prendía a
la radio y la escuchaba… aunque él no cobró un peso.”
Al
regreso de la democracia cumplió su deseo de trabajar en la educación. Entró en
la UNER, en Extensión Universitaria (1984) y luego fue Asesor del Rectorado
(1990). Su labor se enfocó en la creación de la editorial, la imprenta y el
coro; le otorgaron el Honoris Causa a Linares Cardozo y estuvo involucrado en
el Grupo Montevideo; donde propiciaban el intercambio estudiantil. Continuó con
el periodismo en el diario HOY, donde escribió las Opiniones de un entrerriano.
El
siglo XXI, lo encontró jubilado, pero no inactivo: entre la Cantata Unión y
Libertad -dedicada a Urquiza- con su hijo Polo Martí, y una prolífica
producción de sonetos -reversionados o nuevos- que en mi humilde entender representan
un conjunto de memorias colectivas. Si, son sus propios recuerdos… sin embargo,
el verso toma la primera persona y sus poesías se revelan como memorias
entrerrianas.
Jorge
había pasado orgullosamente sus 90 y una simple caída -o no tanto- pensando en
su altura, complicó su rutina de caminar hasta el río o su lectura de los
diarios -siempre cortando y pegando- y la escritura poética manuscrita a lápiz.
Seleccioné
dos descripciones en sus propias palabras, de sus últimos años. Jorge, hizo periodismo de
ideas, para decir lo que había que decir. Su poesía es sencilla, para llegar a
todos. No fue profesor porque había que afiliarse al peronismo, y no lo quiso
hacer. Como poeta fue introvertido y como ciudadano extrovertido. Por sobre
todas las cosas, y por mi propia experiencia, fue hombre generoso y abierto.
Y
como fue un hombre bueno tuvo ¡un millón de amigos! Por favor, no se enojen
conmigo, sino están en las imágenes… no podía incluir a todos y sin dudas, no los
conozco a todos. Este mosaico de amigos son una muestra muy pequeña… pero, los
verdaderos amigos saben que lo fueron y esto es lo que vale.
Tiempo de cosechas [reconocimientos]
Jorge,
a partir del mandato de su maestro Rojas -y ya desde Colón- salió a recorrer su
provincia y en cada rincón que pudo disertó sobre Lugones, Leguizamón y
Monteavaro, Rojas; San Martín en Entre Ríos, Ramírez en la poesía, José Hernández
y el Martín Fierro, Urquiza entre Sarmiento y Rosas, etc. Recitó sus poemas… y
más importante aún, los músicos le pusieron guitarra… y las coplas llegaron a
su pueblo.
A
partir de 1970 hasta la fecha sus sonetos han sido musicalizados por artistas
como los Hermanos Cuestas, por el Zurdo Martínez y Walter Heinze, por Marita
Londra, Jorge Méndez, Anibal Sampayo y Carlos Aguirre, Ariel Asselborn y por
supuesto, sus hijos músicos Polo y Jorge Martí, acompañados por Beti Plana… y
debo estar olvidando a mas de uno.
Tras
la 1° medalla de honor en el concurso estudiantil (1943), su libro Antigua Luz
recibió la Faja de honor de la SADE (1954) y Rapsodia Entrerriana el Fray Mocho
(1975)… y desde entonces, recibió múltiples reconocimientos a su “labor como
poeta y escritor colonense”, trabajador por la cultura entrerriana.
El
Cimarrón Entrerriano -a la trayectoria- le fue entregado por Roberto Romani.
Recibió el Escenario de Oro en Paraná y el Camila Nievas en Gualeguaychú. La
ciudad de Colón reconoció su aporte a la cultura y a la comunidad; y Villa
Elisa lo nombró Prócer de la Cultura. El Senado de Entre Ríos le rindió
homenaje a los “adultos notables”, los Diputados lo nombró Embajador de la
Cultura y La Frater le otorgó el Honoris Causa en 2013.
Si
de reconocimientos hablamos, no sólo se ha destacado su “trayectoria literaria
como poeta y maestro” sino que su 1° obra Panambi -versos entrerrianos- ha sido
valorada al cumplir los 50 (por el Concejo Deliberante de Colón) y a los 60
años (por la Cámara de Diputados de Entre Ríos) de su publicación.
En
su tramo final, Jorge fue inspiración para jóvenes en proyectos periodísticos
como El Ombú y la reedición de Tribuna en Colón. Me pasó lo mismo cuando fui a
entrevistarlo con el periodista Senén González y me ofreció su colección de
diarios y fotografías, origen de mi libro sobre Liebig. La antología de Andrew
Graham-Yooll es un honor especial porque uno de sus poemas fue traducido junto
a los de Calveyra y Mastronardi… y llegaron a la Feria de Frankfurt.
Entre legado y
memorias [valor del archivo Martí]
Entre
tanto vivido, escrito y recitado, las palabras y las coplas de Martí resuenan en
la emoción y el latido entrerriano. En la casa de 3 de febrero 66 me he
encontrado con lo que el escritor nos dejó… es nuestra herencia, una herencia
familiar y una herencia entrerriana.
El acervo documental representa 95 metros lineales distribuidos en
bibliotecas, muebles y cajas: son 3500 libros, periódicos y revistas impresos,
600 documentos en papel, 25 cuadros, 90 premios personales, incontables
fotografías [propias y de su padre] y casi 1000 ítems, en formato musical… que
aguardan su organización y conservación.
Los álbumes
fotográficos de su padre Francisco son cuatro con fotografías en blanco y negro
que retratan la niñez de Jorge y familia, la vida en la fábrica y en el pueblo
de Liebig; así como la llegada del primer nieto, Jorgito.
Entre papeles y
papelitos encontramos originales manuscritos, algunos escritos en tinta, otros a
lápiz o tipeados… los sonetos impresos en Tribuna de Entre Ríos y Canciones,
que no llegaron a ser libro… y no puedo afirmarlo, quizás hay ¿alguna poesía inédita?
El epistolario de
Jorge contiene correspondencia
con periodistas, escritores, poetas y “amigos fraternales” … hasta la viuda de
Quirós. Una carta de Calveyra, desde París, confiesa tener Rapsodia en la
cabecera de su cama: “en cualquier momento leo un poema y la provincia
desciende. Para mí, es una fiesta”.
Descubrí cuadernos manuscritos, otros con recortes de los
poemas publicados en el periódico El Orden como Javier U. Paz; así como “maquetas
poéticas” de sumo interés. Llamó mi atención la antología de poetas fraternales
y entrerrianos [la que no se editó]… proyecto que, últimamente, había estado en
conversación con Andrew Graham-Yooll y Juan Meneguin, para una posible publicación.
La colección bibliográfica es muy amplia, donde
la poesía en general y la poesía entrerriana; así como de amigos fraternales,
tiene una gran presencia. Ejemplares autografiados y dedicados por referentes
culturales de la provincia y del país dan cuenta de su trama de vínculos y
relaciones, de amistad y cercanía.
Los temas de interés
son amplios y diversos: el río, Quirós, el radicalismo y el peronismo, Alfonsín,
la Frater, educación, literatura, personajes de la historia, Urquiza y el
Palacio, Hernández y el Martín Fierro, Grupo Montevideo, el problema de las
papeleras, sus grandes amigos Sampayo y el Zurdo una nota a Julio Pintos en
Liebig y a Zelich, su amigo… etc.
El archivo
hoy es un reservorio de papeles, de importancia emocional para la familia… o de
curioso interés por las “perlitas ocultas”,
para todo investigador.
De aquí en
más, tenemos el desafío no sólo de custodiar una montaña de papeles sino
convertirlo en un archivo accesible para investigar y crear nuevos contenidos. Queda en manos de todos los entrerrianos, de los vecinos
del río Uruguay y de los colonenses, el compromiso de cuidar y difundir el legado de este gran
creador.
¡Muchas gracias, a Jorge por su legado y muchas gracias a ustedes por celebrarlo aquí!












