Lorenzo Gatter, alumno de quinto grado de la Escuela N° 102
“Paula Albarracín de Sarmiento”, fue el primero en tomar la palabra. Desde la
mirada de un estudiante, vinculó la figura de Urquiza con uno de los aspectos
centrales de su legado: la educación.
A continuación, el presidente del Centro Cultural Urquiza,
Fernando Martínez Uncal, propuso ampliar la mirada y vincular el aniversario
del nacimiento del prócer con otros dos acontecimientos centrales para la
historia local: el 175° aniversario del Pronunciamiento del 1° de Mayo de 1851
y los 200 años de la elevación de Concepción del Uruguay al rango de ciudad.
El cierre de las palabras alusivas estuvo a cargo del
presidente municipal de Concepción del Uruguay, José Eduardo Lauritto, quien
puso el acento en el valor de recuperar y mantener el lugar donde nació
Urquiza.
Como parte de la ceremonia se entregaron banderas históricas
de la provincia de Entre Ríos tal como las utilizadas por Urquiza en la
gloriosa jornada del 3 de febrero de 1852 en Caseros. Se trata de la bandera creada
por el gobernador Pascual Echagüe en 1833. Los pabellones fueron destinados
al Colegio del Uruguay, su Asociación de Exalumnos y al Centro Cultural
Urquiza.
A continuación, se transcribe la alocución íntegra que expuso
el presidente del Centro Cultural Urquiza, Fernando Martínez Uncal:
“Hay fechas que nos invitan a recordar. Y hay fechas que,
además, nos obligan a reflexionar sobre quiénes somos, de dónde venimos y cómo
nos vemos de cara en el futuro más próximo.
Hoy, Concepción del Uruguay reúne tres acontecimientos que,
aunque separados por el tiempo, están profundamente unidos por un mismo hilo
conductor: la construcción de la Argentina como nación organizada,
constitucional y federal.
Celebramos los 225 años del nacimiento del general Justo José
de Urquiza; los 175 años del Pronunciamiento del 1.º de mayo de 1851, cuando
Entre Ríos aceptó la renuncia de Juan Manuel de Rosas al manejo de las
relaciones exteriores; y los 200 años de la elevación de Concepción del Uruguay
al rango de ciudad.
Tres aniversarios que no son hechos aislados. Son capítulos
de una misma historia. Una historia en la que nuestra ciudad y nuestra
provincia ocuparon un lugar protagónico en la construcción de la República
Argentina.
Nacido el 18 de octubre de 1801 en tierras entrerrianas,
Justo José de Urquiza fue mucho más que un militar y un dirigente político. Fue
un hombre de acción que comprendió que la independencia alcanzada en 1816 no
estaría plenamente realizada mientras la Argentina careciera de una
organización institucional estable, de una Constitución aceptada por las
provincias y de reglas capaces de ordenar la convivencia nacional.
La independencia nos había dado la libertad de decidir
nuestro destino. Pero faltaba construir las instituciones que hicieran posible
ejercer esa libertad dentro de un país unido.
Y esa tarea exigía coraje, visión política y una enorme
capacidad para comprender que ninguna provincia, ningún dirigente y ninguna
ciudad podían construir por sí solos el futuro de la Nación.
Urquiza entendió que la Argentina necesitaba superar las
disputas que la dividían, organizar sus instituciones y reconocer que el
federalismo no podía ser solamente una consigna: debía convertirse en una
realidad política.
En ese camino se comenzó a inscribir el Pronunciamiento del
1.º de mayo de 1851, ocurrido aquí, en Concepción del Uruguay.
En esta misma ciudad, Urquiza tomó una decisión que modificó
el curso de la historia. Como gobernador de Entre Ríos, aceptó la renuncia que
Rosas presentaba periódicamente a la conducción de las relaciones exteriores de
la Confederación y dispuso que la provincia reasumiera las facultades soberanas
que había delegado.
Aquel acto significó mucho más que una ruptura política. Fue
la expresión pública de una voluntad: la de poner en marcha un proceso que
condujera a la organización constitucional definitiva del país.
No era una empresa sencilla. Implicaba enfrentar intereses
consolidados, asumir riesgos y abrir un camino cuyo resultado todavía estaba
por construirse.
Pero la historia no se transforma solamente con declaraciones
de principios. Se transforma cuando alguien está dispuesto a convertirlos en
decisiones concretas.
Después llegaron la batalla de Caseros, el Acuerdo de San
Nicolás y el Congreso Constituyente de Santa Fe. Finalmente, el 1.º de mayo de
1853, se sancionó la Constitución Nacional, y Urquiza, como primer presidente
constitucional de la Confederación Argentina, asumió la responsabilidad de
conducir una nueva etapa institucional.
La Constitución fue, y continúa siendo, mucho más que un
documento jurídico. Es el pacto fundamental que establece cómo nos organizamos,
cuáles son los límites del poder, qué derechos corresponden a los ciudadanos y
qué obligaciones compartimos como integrantes de una misma Nación.
Su sanción representó la decisión de reemplazar la imposición
por la ley, las disputas permanentes por instituciones y la incertidumbre por
un orden constitucional.
Por eso, recordar a Urquiza no significa solamente rendir
homenaje a un personaje de nuestro pasado. Significa reconocer la importancia
de una obra política que permitió avanzar hacia una Argentina organizada sobre
bases constitucionales.
Su legado también se expresa en la educación, en el
desarrollo económico, en la administración pública y en la convicción de que el
progreso de una sociedad depende de las oportunidades que sea capaz de ofrecer
a sus habitantes.
La creación del Colegio del Uruguay, inaugurado en 1849,
constituye uno de los ejemplos más significativos de esa visión. Apostar a la
educación era apostar a la formación de ciudadanos, a la preparación de
dirigentes y a la posibilidad de que el conocimiento dejara de ser privilegio
de unos pocos.
Urquiza comprendió que no podía construirse una Nación
moderna sin educación, sin trabajo, sin producción y sin instituciones capaces
de sostener el desarrollo.
Esa concepción integral del progreso es una de las razones
por las que su figura permanece ligada a la identidad entrerriana y a la
historia argentina.
Y es precisamente aquí donde el tercer aniversario adquiere
todo su significado.
Hace 200 años, Concepción del Uruguay alcanzaba el rango de
ciudad. En 1826, cuando Urquiza impulsó esa declaración desde su actuación como
diputado provincial, comenzaba también a consolidarse institucionalmente una
comunidad que tendría un protagonismo extraordinario en la vida política,
educativa y cultural del país.
Siendo presidente de la Legislatura, con solo 25 años de edad,
las iniciativas que tuvo como legislador prefigurarían al estadista que luego
fue como gobernador, en varias oportunidades y como primer Presidente de la
Confederación Argentina, una vez organizado constitucionalmente el país. Entre
ellas la citada elevación de villa a nuestra querida Concepción del Uruguay.
Nuestra ciudad no fue una espectadora de la historia
argentina. Fue escenario de decisiones trascendentes, espacio de formación de
generaciones y protagonista de acontecimientos que contribuyeron a definir el
rumbo nacional.
Esta plaza, que conserva la memoria del Pronunciamiento, nos
recuerda que desde una ciudad del interior, lejos de los grandes centros de
poder, fue posible impulsar una transformación que alcanzó a toda la República.
Y esa es una enseñanza que mantiene plena vigencia.
El lugar donde vivimos no determina la dimensión de nuestras
ideas ni limita la importancia de nuestras acciones. Las comunidades del
interior tienen historia, identidad, capacidad creadora y un enorme potencial
para contribuir al desarrollo nacional.
Concepción del Uruguay tiene razones para sentirse orgullosa
de su pasado. Pero el orgullo verdadero no consiste únicamente en recordar las
glorias de otros tiempos. Consiste en transformar esa herencia en una
responsabilidad para el presente.
Volviendo al primero de los acontecimientos que hoy
celebramos, el nacimiento de Justo José de Urquiza ocurrido hace 225 años en el
paraje conocido entonces como el Talar del Arroyo Largo, que primero se llamó
José Justo, y luego se trastocó por Justo José, donde aprendió todos los
rudimentos de la vida campestre, transformándose a corta edad en un excelente
jinete.
Fue en estos parajes, sin duda que Justo José aprendió a amar
a estas tierras entrerrianas, a su gente, y a sentir el verdadero valor de la
libertad. Pero también comprendió, en todos aquellos años de formación donde se
sucedieron las guerras de la independencia primero, y luego las luchas
fratricidas, que mantener la libertad sólo podía hacerse en el marco de una
organización constitucional. Gozar de la libertad no podía hacerse de otra
manera que sometiéndose a la ley.
Al inaugurarse este monumento hace casi 90 años, más
precisamente el 17 de octubre de 1937, entre los oradores que tomaron la
palabra, le tocó al poeta Delio Panizza recitar una poesía de su autoría.
Finalizo estas palabras con un fragmento de ese poema, que
nos sirva de inspiración para el futuro en las tres fechas que hoy
conmemoramos, los 225 años del nacimiento de Urquiza, a 175 años del
Pronunciamiento y a 200 años de nuestra declaración como ciudad.
Porque honrar a Urquiza es honrar la organización nacional.
Honrar la Constitución es defender las reglas que nos permiten vivir juntos. Y
honrar los 200 años de nuestra ciudad es renovar el compromiso de trabajar por
una comunidad mejor y por una Argentina más unida, más justa y verdaderamente
federal.
El fragmento del poema dice, así:
Por eso en el Talar convulsionado,
Signo o anuncio de mejores ansias,
Tiene el arroyo una canción más noble
Y da un nuevo canto las calandrias.
Justo José de Urquiza ha nacido
En las selvas entrerrianas
Para emprender el pueblo su epopeya
Para ensayar su libertad la Patria.
Muchas gracias”.










