Por Carlos Rogelio Canavessi *
Nota de la redacción: reproducimos un artículo del arquitecto Carlos Rogelio Canavessi, publicado en la Revista Summa en 1981. Agradecemos al autor por facilitar el material y autorizar su publicación.
* Arquitecto. Egresado de la Universidad Nacional del Litoral. Se desempeña como docente en la Universidad Tecnológica de Concepción del Uruguay, Entre Ríos. Ha cursado estudios especializados en preservación del patrimonio arquitectónico nacional. Es delegado por la provincia de Entre Ríos de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos y miembro del Instituto Argentino de Investigaciones en Historia de la Arquitectura y el Urbanismo.
La provincia de Entre Ríos no cuenta, en su territorio, con una presencia
significativa de "arquitectura maderera", como ocurre quizás en otras
provincias argentinas. Las numerosas y variadas corrientes colonizadoras que
arribaron a esta provincia, a partir del último tercio del siglo XIX, tampoco
se caracterizaron por la realización de arquitecturas de madera, ya sea por la
falta de materia prima adecuada en la zona, o por no contar originalmente con
una tradición en tal sentido.
Por lo tanto, es llamativo el hecho de que aún hoy, en varias zonas
rurales de Entre Ríos se encuentre funcionando y cumpliendo cabalmente sus
fines, una serie de edificios escolares íntegramente construidos con madera,
algunos de ellos próximos a cumplir setenta y cinco años de labor
ininterrumpida.
El origen de estas construcciones lo encontramos hacia principios del
presente siglo, cuando sucesivos gobiernos provinciales otorgaron prioritaria
atención al tema de la instrucción pública y, especialmente, a la enseñanza en
zonas rurales. Uno de los problemas más acuciantes que debieron afrontar
entonces, era el derivado del constante aumento del número de escuelas y la
falta de edificios propios.
A partir de 1904, en medio de una gran prosperidad económico-financiera,
la provincia decidió encarar de lleno dicho problema. Así, por ejemplo, entre
1904 y 1914 se construyeron ciento un nuevos edificios escolares, entre los que
se contaron setenta y cuatro para escuelas rurales, incluyendo dos escuelas
flotantes destinadas a las zonas de islas del sur de la provincia.
Del total de nuevos edificios construidos en zonas rurales, merecen
destacarse cincuenta escuelas de madera, las que se completaron en un lapso de
tres o cuatro años, y varias de las cuales aún hoy continúan prestando
servicios.
Una ley provincial de 1908, autorizaba al Poder Ejecutivo provincial a
"la emisión de bonos de edificación escolar" por un millón de pesos,
para la construcción en diversos departamentos provinciales, de locales para
"5 escuelas superiores, 21 elementales y 85 rurales". En 1910 dicha
emisión se amplió en otro millón de pesos y de inmediato se encaró la ejecución
de las obras.
La construcción de los edificios de mampostería, para escuelas superiores
y elementales, se realizó mediante licitación pública. En cuanto a las
cincuenta escuelas de madera, se contrató a la firma A. Perasso y Cía., de la
ciudad de Posadas (Misiones). El primero de estos establecimientos se levantó
en 1911, a un costo de $9.846,96 y se encontraba en la zona rural de Paraná,
bajo el nombre de Escuela Elemental con Anexos Agropecuarios "Adolfo
Alsina".
El total de los cincuenta edificios fue distribuido en todo el territorio
provincial, en sus distintos departamentos. No contamos con un detalle exacto
sobre qué cantidad continúa prestando servicios, pero como ejemplo digamos que
en el Departamento Uruguay, cuya cabecera es Concepción del Uruguay, existen
tres de estas escuelas en funcionamiento mientras que otras dos fueron
recientemente reemplazadas.
El partido, según el proyecto original de A. Perasso y Cía., comprende,
básicamente, dos tipos de casas de madera uno para el funcionamiento de la
Escuela propiamente dicha, contando con do aulas, y otro para servir de
vivienda al maestro-director, con tres habitaciones. Los núcleos de servicios
húmedos (baño y cocina) se ubican aparte de estas construcciones. En algunos
casos, se construyeron ambos cuerpos ubicados a distancia conveniente uno del
otro, formando un conjunto. En otros, solo se instaló el núcleo correspondiente
a las aulas.
De acuerdo con el "tipo" de los edificios, podemos afirmar que
estamos en presencia de una arquitectura que responde a las características
formales propias del área guaranítica, de la cual proviene. Esto se manifiesta
claramente en la galería perimetral que rodea a los espacios cerrados, creando
una zona de transición interior-exterior, constituyendo una acertada solución
para el medio rural en que se implanta.
Desde el punto de vista técnico, podemos decir que se trata de un sistema
de "montaje en seco", resuelto íntegramente de madera, salvo la
cubierta de techos que desde su origen fue de chapas de cinc onduladas. La
estructura portante está compuesta por piezas de madera dura de 6" x
6". En la galería trabajan como pies derechos, coronados por pequeñas
zapatas, también de madera. Los tabiques que delimitan los espacios interiores
están formados por un bastidor estructural, con tirantes de 6" x 6",
cuyos vanos están cerrados con paneles de tablas de 1" x 4" colocados
"a eje" de las piezas portantes, o bien reciben las aberturas
(puertas y ventanas). Todas las ensambladuras son a caja y espiga, entarugadas,
o bien a media madera.
Los pisos originales eran de tablas de madera, sobreelevados con respecto
del terreno natural, aunque en algunos casos se hicieron directamente de
mosaicos calcáreos sobre contrapiso de hormigón pobre. Los cielorrasos, tanto
en las galerías como en los interiores de los locales, son de madera
machimbrada, de 1" x 4".
Los techos se resuelven a cuatro aguas ('cola de pato'), con tirantería
de madera y cubierta de chapas de zinc onduladas. Los desagües pluviales
originales eran "a libre escurrimiento". Una cenefa conformada por
piezas de madera calada recorre perimetralmente los edificios, y sobre la
cumbrera del techo, como único elemento ornamental, se destacaba una crestería
metálica rematada en los extremos por sendos pináculos. Obviamente, en su
origen no contaban con instalaciones eléctricas.
Todo el sistema era de excelente calidad, de muy buena factura en la
ejecución, y cuidados detalles de terminación, lo que puede apreciarse aún hoy.
De los edificios que continúan funcionando, presentamos hoy dos ejemplos:
la Escuela N° 11, "18 de octubre", ubicada sobre el camino que lleva
al Palacio San José, y la Escuela N° 18, "José de Urquiza", de 5°
Ensanche de Mayo, Departamento Uruguay.
En el primer caso, se trata de una pequeña escuela que cuenta con el
cuerpo principal solamente. El estado de mantenimiento es bueno en general,
aunque se ha reemplazado el piso original y ha tenido que construirse un zócalo
interior de mampostería de ladrillos, seguramente por el deterioro de la madera
en la zona más expuesta a la humedad.
En el segundo caso se trata de un conjunto completo, es decir, escuela y
vivienda, el que fue inaugurado el 20 de julio de 1913. También aquí el estado
de mantenimiento es bueno, habiéndose cambiado algunos cielorrasos interiores y
agregado canaletas de desagües pluviales en los techos. La vivienda del maestro
ha "crecido" a través del tiempo, haciéndose agregados sobre la
galería perimetral original.
Cabe destacar que la bondad del sistema hace que las tareas de
mantenimiento sean sencillas, y casi siempre encaradas por las cooperadoras de
las escuelas, y la ayuda de los pobladores de sus zonas de influencia.
Creemos que este conjunto de edificios constituye hoy una de las pocas
construcciones de madera que perviven en la provincia, al menos de origen
oficial, y sería deseable esperar medidas tendientes a su preservación
integral, dado que son testimonio de una acertada solución a un problema
complejo, recurriendo a técnicas constructivas no tradicionales. Por otra
parte, la valoración que de ellos hacen sus usuarios y las comunidades rurales
a las cuales sirven de varias formas, y los valores intrínsecos que poseen,
hacen que estas escuelas sean ya parte del patrimonio histórico arquitectónico
de la provincia de Entre Ríos.
Artículo publicado
originalmente en la revista Summa, Colección Temática “La madera, una tradición
perdurable”, 2/1985.Buenos Aires.


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