sábado, 19 de septiembre de 2026

JORGE ENRIQUE MARTÍ, EL POETA DE LA ENTRERRIANIDAD


Por Adriana Ortea

Conocí a Jorge -en Colón- en su última década, y Liebig fue el motivo de nuestro encuentro: la historia del pueblo, la fábrica y su gente nos convocó. Nos hicimos amigos. Compartimos almuerzos y tardes de mate -siempre junto a Marta-. También, cenas musicales de verano en el patio familiar, con hijos, nueras y algún nieto.

El amigo poeta… más allá de Liebig

Desde la partida de Jorge y Marta, me aventuré entre sus papeles, documentos y libros, para conocer así “al poeta de la entrerrianidad” que se expandió como escritor de la palabra, mucho más allá de los límites del pago chico.  El trabajo con su archivo me permitió descubrir un acervo documental que es testimonio de toda una vida a orillas del rio Uruguay… y esta exploración me permite ahora compartir con ustedes su devenir.

Del Paraná al Uruguay [1926 – 1930]                       

Martí se movió como pez en el agua en mundos diversos, de tensiones y encuentros. Abrazó a “su entre ríos” desde el río Paraná donde nació, hasta el río Uruguay desde donde voló poéticamente. El río de los pájaros tiene una presencia preponderante. Al punto, de haber soñado un “canto de amistad hermanado” con Aníbal Sampayo. Esto, quiso ser una edición de poemas y músicas dedicadas “al río que nos une… y a veces nos desune”.

En Rosario, nació en el día del maestro y fue para muchos, un poco maestro. Tiene pocos recuerdos de su casa natal, pero aquí lo vemos en algunas fotos de su padre: con su madre, en el patio, en sus primeros pasos… antes de viajar los tres en tren a BA y navegar en el Vapor de la Carrera de la empresa Mihanovich.

En Colón, lo recibió el puerto “que hoy ya no está”, pero siempre permanece el río de los pájaros. Con su madre recorrían la costanera -donde Quirós alguna vez lo saludó y lo contó en un poema. También, paseaban por el parque con el nombre del mismo Quirós. Quizás, por ello ¡fue su gran admirador!

El pueblo trabajador [1930-1955]  

El destino entrerriano era Fábrica Colón, donde su padre fue jefe de serenos, pero también de enfermería, y tiempo después, se ocupó del comedor de obreras, del guardarropa y la niñería. Su niñez se desarrolló entre la diversidad de trabajadores: desde los jefes que hablaban inglés a los peones correntinos que dominaban el guaraní. Jorge se definió como un “guri chalesero en medios populares,” entre trabajadores, obreros y obreras.

Cuando llegaron al pueblo, se inauguraba el puente sobre el Perucho. La casa de Liebig pronto se llenó de plantas gracias a la mano de su madre y su padre tuvo urracas hasta que el niño les abrió la jaula, y las dejo volar. Los padres vivieron en el pueblo hasta su jubilación, cuando se mudaron a Colón con su hijo y familia.

Jorge se movió entre la escuela Hipolito Vieytes y la biblioteca, donde retiraba libros -sobre todo novelas- p/su madre. Un mundo de juegos entre chapitas y bolitas… donde fue compañero de Zelich, Dominchin y Barreto. Vecino de los ilustres Ogan Rivadavia y amigo de los inglesitos Grace y Hunt… pero, también de los bravos correntinos, conocidos como los “Pujolines”

Tomó la comunión en el club porque aún no había capilla en el pueblo. Más grande, vino el fútbol al arco en la canchita de la canaleta y las salidas en bicicleta, pero su sitio predilecto fue el monte y el río, donde aprendió a pescar con su padre y se metió entre las islas en canoa con el sereno García. Por todo esto, el escritor Panizza lo llamó el “vate del Perucho”.

Los Martí, como todas las familias del pueblo trabajador participaron de la vida comunitaria: en el fútbol o el golf o el tenis, en cumpleaños y “juntadas” de niños y en la inauguración tardía de la capilla (1950). Jorge continuó siempre ligado a Liebig. Iba y venía mientras estudiaba. Luego, escribirá sobre las crisis económicas de la Compañía; y la familia Reobasco fue el vínculo permanente de información.                        


La casa de las tonadas [1939-1943]

Del pueblo pequeño, Martí arribó a la ciudad de Concepción del Uruguay. Allí encontró un clima distinto. Su adolescencia transcurrió en un colegio de prestigio, internado entre las “múltiples tonadas de erres arrastradas y nombres guaraníes”. En La Frater, conoció la amistad de los hermanos que no tuvo. Jorge siempre valoró cuanto le debía a esta entidad solidaria comprometida con los “jóvenes ricos de inteligencia y pobres de fortuna.”

El tiempo del colegio histórico -como lo escribirá más adelante- fue el tiempo de las serenatas, la plaza Ramírez dominguera y sus vueltas alrededor, la llamada de la campana, los paseos en chalana, ir al puerto para ver los barcos pasar, el mate compartido, el chécale celebratorio, las pitadas del 1° cigarrillo… y también, por qué no, las primeras noviecitas.

Los primeros versos surgen a escondidas y firmados con seudónimo. El archivo de Jorge conserva esos Cardos Iniciales del ’42 al ’44 manuscritos en tinta -escritos en Fábrica Colón o Concepción- sucesos cotidianos que resultan ser su inspiración nostalgiosa. En 1943, recibió su primera medalla por sus líneas en prosa y verso: La Frater pasado, presente y futuro… y desde entonces, ya se sintió escritor.

 

De Rojas a Panizza [1944-1958]:

Entre la probable medicina y la literatura puso rumbo a Buenos Aires para estudiar en Filosofía y Letras. Allí conoció al escritor Ricardo Rojas, su mentor literario y político, de quien “aprendió lo poco que sabe”. Jorge lo visitaba en su casa: “la cátedra libre de la calle Charcas”, mientras estuvo prohibido en la facultad. Tocaba el timbre y se presentaba: “Martí, de Entre Ríos” … y no hacía falta decir mucho más.

La universidad y la biblioteca de calle México le regalaron charlas de grandes escritores y su amistad (más tarde compartida en su libro Poetas). También, comenzó su militancia estudiantil con un mes en Devoto… y continuó, a pesar de las injusticas del poder y a veces, de sus propios correligionarios. Radical por herencia, no fue candidato a nada. Por entonces, comenzará a publicar sus poemas en El Orden de Colón.

Entre Rojas y Panizza se decide el rumbo de Jorge. Rojas le marcó el sentido de “argentinidad” y Panizza el de “entrerrianía” [osada y guerrera]. Con el tiempo, el poeta abrazó un concepto más amplio y profundo: la “entrerrianidad”, esa confluencia de paisajes, costumbres y su gente.

El acervo documental de Martí refleja la trascendencia de estas amistades al conservar sus libros dedicados, cartas y tarjetas… y es importante destacar que el Museo Rojas conserva 18 cartas Jorge del ’47 al ’56. Así como Rojas lo motivó a volver a Entre Ríos; Panizza lo incitó a editar sus versos: “repáselos, corríjalos y publíquelos”.

Consiguió sus primeros artículos en La Nación por gestión de Rojas. Al primero sobre el Palmar, le siguieron otros de la ciudad de Colón y Concepción, como una manera de dar a conocer las bellezas entrerrianas. Aceptó la dirección de El Orden y será clausurado por el “censor Visca”, por el sólo hecho de ser opositor. Es aquí que comienza a desprenderse de su seudónimo y publica sus primeros libros: Panambí y Al Colegio del Uruguay, compartiendo sus recuerdos fraternales.

A éstos, le siguió Fraternilia, que coincide con el 75° aniversario de La Frater cuando Ernesto Maxit le propone la vicedirección; y poco después, llega Antigua Luz, que recibirá la Faja de Honor de la Sociedad de Escritores junto a Bioy Casares y otros. Por entonces, la peña Ñanderogami se convirtió en “los domingos de empanadas locro y vino”, punto de encuentro con Florencio López, “el de la mano abierta”, y el arpa del uruguayo Aníbal Sampayo.

Para publicar Antigua Luz, Panizza recomendó la Imprenta Urquiza Cabral, donde conoció a Marta, su compañera por más de sesenta. Comenzó un proyecto con su suegro para hacer tres o cuatro libros por año y una antología de poetas fraternales [que nunca se editó]. En el marco de la Revolución Libertadora es nombrado Director de Penales: dejó su río Uruguay para reorganizar trece penales. Sin embargo, en año y medio fue un hombre a la deriva, sin trabajo, alejado de la familia … y desilusionado porque “el triunfo de la libertad y la consigna de reconstrucción no aseguró ni honestidad, ni capacidad ni vocación” …

Esta es mi casa [1960-2018]:

Colón fue el lugar elegido para formar el hogar, con Marta, cinco hijos y más tarde, se sumarían sus padres. Conociendo la casa me cuesta imaginar cómo vivían allí nueve personas… sin dudas, apretadísimos, pero con mucho amor… afecto que se derramaba entre amigos, hermanos fraternales y discípulos…. porque la puerta de casa siempre estuvo abierta!

La casa de Colón antes fue Consulado de Uruguay y vivienda de los Sanguinetti, donde recibió inundados en la creciente del ’59. Allí funcionó la imprenta familiar:  con Marta de impresora: hacemos todo/editamos Tribuna, el semanario/y también la revista así llamada… /Como aval protector de la inversión/ teníamos trabajo asegurado/y en la mitad del sueño programado/cerró Liebig y nuestra protección.

Algunas de sus publicaciones fueron: el periódico y revista Tribuna… el proyecto Tribuna Deportiva y la guía Colón, la entrerriana de paisaje millonario. También, editaron una guía de televisión para Paysandú y Concepción. Hacia 1965 hicieron un gran trabajo con las cajas de caldos de pollo para Liebig y en 1977, para el centenario, “La Frater Cantada”, con poemas de autores fraternales.

A fines de los ’50 -con Liebig en crisis- un grupo de vecinos se preocuparon por los efectos en Colón y empezaron a reunirse con el sueño de una refundación a partir del turismo. La llegada al gobierno municipal de Dominchín (vecino y amigo de Liebig) llevó a Jorge a sumarse y, en esa gestión alumbraron grandes proyectos: la balsa, las casillas, el proyecto del puente, los bungalows, el palmar, el hotel, la difusión callejera, etc.

Jorge -desde la Comisión de Cultura- fue el nexo con Luis Perlotti para el monumento a Quiros del centenario (1963). El escultor desde 1953 tenía guardado en su taller los yesos del conjunto escultórico La Protección y les presentó 2 croquis a mano alzada para su elección. En principio envió la maqueta y un medallón del Dr. Quirós (diciembre) y luego, mandó los planos de obra, para levantar la escultura frente al parque.

La década del ’70 prometía: edita en su imprenta Entre Ríos y canciones, comienza con las Opiniones de un entrerriano en la radio… y se inician las obras del puente Colón-Paysandú. Nuevamente, la gestión municipal de su amigo Roberto Girard lo motivó a integrarse como secretario de Gobierno, donde el programa prometía “el despegue de Colón”. Se inauguró el puente, pero sin público… y en lugar de Puente de la Amistad se lo denominó Artigas.

En 1975 llegó su consagración como poeta con Rapsodia Entrerriana al recibir el premio Fray Mocho, aunque el libro se publicó varios años después (por resistencia del gobierno militar). Este periodo fue muy prolífico en sus colaboraciones periodísticas: la revista Sucesos de Concepción en los domingos y diario El Sol de Concordia. También, fue muy relevante su participación radial en La Noche de Entre Ríos de Roberto Román: “porque todo el mundo se prendía a la radio y la escuchaba… aunque él no cobró un peso.”

Al regreso de la democracia cumplió su deseo de trabajar en la educación. Entró en la UNER, en Extensión Universitaria (1984) y luego fue Asesor del Rectorado (1990). Su labor se enfocó en la creación de la editorial, la imprenta y el coro; le otorgaron el Honoris Causa a Linares Cardozo y estuvo involucrado en el Grupo Montevideo; donde propiciaban el intercambio estudiantil. Continuó con el periodismo en el diario HOY, donde escribió las Opiniones de un entrerriano.

El siglo XXI, lo encontró jubilado, pero no inactivo: entre la Cantata Unión y Libertad -dedicada a Urquiza- con su hijo Polo Martí, y una prolífica producción de sonetos -reversionados o nuevos- que en mi humilde entender representan un conjunto de memorias colectivas. Si, son sus propios recuerdos… sin embargo, el verso toma la primera persona y sus poesías se revelan como memorias entrerrianas.

Jorge había pasado orgullosamente sus 90 y una simple caída -o no tanto- pensando en su altura, complicó su rutina de caminar hasta el río o su lectura de los diarios -siempre cortando y pegando- y la escritura poética manuscrita a lápiz.

Seleccioné dos descripciones en sus propias palabras, de sus últimos años. Jorge, hizo periodismo de ideas, para decir lo que había que decir. Su poesía es sencilla, para llegar a todos. No fue profesor porque había que afiliarse al peronismo, y no lo quiso hacer. Como poeta fue introvertido y como ciudadano extrovertido. Por sobre todas las cosas, y por mi propia experiencia, fue hombre generoso y abierto.

Y como fue un hombre bueno tuvo ¡un millón de amigos! Por favor, no se enojen conmigo, sino están en las imágenes… no podía incluir a todos y sin dudas, no los conozco a todos. Este mosaico de amigos son una muestra muy pequeña… pero, los verdaderos amigos saben que lo fueron y esto es lo que vale.

Tiempo de cosechas [reconocimientos]

Jorge, a partir del mandato de su maestro Rojas -y ya desde Colón- salió a recorrer su provincia y en cada rincón que pudo disertó sobre Lugones, Leguizamón y Monteavaro, Rojas; San Martín en Entre Ríos, Ramírez en la poesía, José Hernández y el Martín Fierro, Urquiza entre Sarmiento y Rosas, etc. Recitó sus poemas… y más importante aún, los músicos le pusieron guitarra… y las coplas llegaron a su pueblo.

A partir de 1970 hasta la fecha sus sonetos han sido musicalizados por artistas como los Hermanos Cuestas, por el Zurdo Martínez y Walter Heinze, por Marita Londra, Jorge Méndez, Anibal Sampayo y Carlos Aguirre, Ariel Asselborn y por supuesto, sus hijos músicos Polo y Jorge Martí, acompañados por Beti Plana… y debo estar olvidando a mas de uno.

Tras la 1° medalla de honor en el concurso estudiantil (1943), su libro Antigua Luz recibió la Faja de honor de la SADE (1954) y Rapsodia Entrerriana el Fray Mocho (1975)… y desde entonces, recibió múltiples reconocimientos a su “labor como poeta y escritor colonense”, trabajador por la cultura entrerriana.

El Cimarrón Entrerriano -a la trayectoria- le fue entregado por Roberto Romani. Recibió el Escenario de Oro en Paraná y el Camila Nievas en Gualeguaychú. La ciudad de Colón reconoció su aporte a la cultura y a la comunidad; y Villa Elisa lo nombró Prócer de la Cultura. El Senado de Entre Ríos le rindió homenaje a los “adultos notables”, los Diputados lo nombró Embajador de la Cultura y La Frater le otorgó el Honoris Causa en 2013.

Si de reconocimientos hablamos, no sólo se ha destacado su “trayectoria literaria como poeta y maestro” sino que su 1° obra Panambi -versos entrerrianos- ha sido valorada al cumplir los 50 (por el Concejo Deliberante de Colón) y a los 60 años (por la Cámara de Diputados de Entre Ríos) de su publicación.

En su tramo final, Jorge fue inspiración para jóvenes en proyectos periodísticos como El Ombú y la reedición de Tribuna en Colón. Me pasó lo mismo cuando fui a entrevistarlo con el periodista Senén González y me ofreció su colección de diarios y fotografías, origen de mi libro sobre Liebig. La antología de Andrew Graham-Yooll es un honor especial porque uno de sus poemas fue traducido junto a los de Calveyra y Mastronardi… y llegaron a la Feria de Frankfurt.

Entre legado y memorias [valor del archivo Martí]

Entre tanto vivido, escrito y recitado, las palabras y las coplas de Martí resuenan en la emoción y el latido entrerriano. En la casa de 3 de febrero 66 me he encontrado con lo que el escritor nos dejó… es nuestra herencia, una herencia familiar y una herencia entrerriana.

El acervo documental representa 95 metros lineales distribuidos en bibliotecas, muebles y cajas: son 3500 libros, periódicos y revistas impresos, 600 documentos en papel, 25 cuadros, 90 premios personales, incontables fotografías [propias y de su padre] y casi 1000 ítems, en formato musical… que aguardan su organización y conservación.

Los álbumes fotográficos de su padre Francisco son cuatro con fotografías en blanco y negro que retratan la niñez de Jorge y familia, la vida en la fábrica y en el pueblo de Liebig; así como la llegada del primer nieto, Jorgito.

Entre papeles y papelitos encontramos originales manuscritos, algunos escritos en tinta, otros a lápiz o tipeados… los sonetos impresos en Tribuna de Entre Ríos y Canciones, que no llegaron a ser libro… y no puedo afirmarlo, quizás hay ¿alguna poesía inédita?

El epistolario de Jorge contiene correspondencia con periodistas, escritores, poetas y “amigos fraternales” … hasta la viuda de Quirós. Una carta de Calveyra, desde París, confiesa tener Rapsodia en la cabecera de su cama: “en cualquier momento leo un poema y la provincia desciende. Para mí, es una fiesta”.

Descubrí cuadernos manuscritos, otros con recortes de los poemas publicados en el periódico El Orden como Javier U. Paz; así como “maquetas poéticas” de sumo interés. Llamó mi atención la antología de poetas fraternales y entrerrianos [la que no se editó]… proyecto que, últimamente, había estado en conversación con Andrew Graham-Yooll y Juan Meneguin, para una posible publicación.

La colección bibliográfica es muy amplia, donde la poesía en general y la poesía entrerriana; así como de amigos fraternales, tiene una gran presencia. Ejemplares autografiados y dedicados por referentes culturales de la provincia y del país dan cuenta de su trama de vínculos y relaciones, de amistad y cercanía.

Los temas de interés son amplios y diversos: el río, Quirós, el radicalismo y el peronismo, Alfonsín, la Frater, educación, literatura, personajes de la historia, Urquiza y el Palacio, Hernández y el Martín Fierro, Grupo Montevideo, el problema de las papeleras, sus grandes amigos Sampayo y el Zurdo una nota a Julio Pintos en Liebig y a Zelich, su amigo… etc.

El archivo hoy es un reservorio de papeles, de importancia emocional para la familia… o de curioso interés por las “perlitas ocultas”, para todo investigador.

De aquí en más, tenemos el desafío no sólo de custodiar una montaña de papeles sino convertirlo en un archivo accesible para investigar y crear nuevos contenidos. Queda en manos de todos los entrerrianos, de los vecinos del río Uruguay y de los colonenses, el compromiso de cuidar y difundir el legado de este gran creador.

 

¡Muchas gracias, a Jorge por su legado y muchas gracias a ustedes por celebrarlo aquí!

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